Andrei Ratiu (Aiud, Rumanía, 1998) rehúye los focos. Es tímido, humilde y tiene los pies en el suelo, a pesar de haberse convertido en el jugador revelación de la última Eurocopa y ser el objeto de deseo de los grandes de Europa. Este domingo, las 16:15 horas, vuelve al lugar donde empezó todo: el Bernabéu. Aquella magistral actuación del 5 de noviembre de 2023 fue su carta de presentación en Primera, que impresionó al mismísimo Florentino. El internacional rumano no deja de aprender en el Rayo y en Vallecas. De su entrenador, de sus compañeros y de un barrio, que es también su hogar.
—¿Cómo llega el equipo?
—Estamos jugando bien, aunque los últimos resultados no nos han acompañado. Llevamos un buen año y hemos dado un paso adelante como equipo. Hay bajas delicadas, pero quien entre lo hará genial.
—¿Pueden darle guerra al Madrid?
—Vamos con la idea de ser nosotros mismos. Debemos hacer un partido casi perfecto porque ellos están muy bien ahora.
—¿La Champions puede pasarle factura?
—Ellos están acostumbrados, no les va a pillar por sorpresa.
—¿Ve factible que el Rayo pueda meterse en Europa?
—Siempre nos hemos centrado en la permanencia. Luego, si nos da para soñar con Europa, bienvenido sea.
—¿Qué es lo que más le llama la atención del Rayo?
—La unión con la gente. El año pasado Bukaneros nos hizo un tour a los nuevos para conocer el barrio y su historia. Esto no lo encuentras en otros lados. Yo tengo una niña, Lía, de poco más de un año, y va al estadio. Se sienta con mi mujer, Irene, cerca de la familia de Juampe.
—¿Vive su mejor momento?
—Seguramente. Me siento bien. Estoy intentando sacar mi mejor versión, aunque hay cosas que debo mejorar.
—¿Qué se le pasó por la cabeza en el golazo al Sevilla?
—Cuando vi que Álvaro recibía, ya estaba pensando en chutar. Por suerte salió bien, no fue rasa ni fuera. Conté a mis amigos, después del partido, que ese gol lo había soñado muchas veces. Quería poder anunciar así la llegada de mi próximo hijo.
—¿En qué ha cambiado desde su fichaje en verano de 2023?
—Sobre todo, mentalmente. El año pasado sufrí mucho porque no estaba entrando. No tenía muchas oportunidades y encima venía la Eurocopa. Pensaba en que me podía quedar sin ella y sentía mucha presión. Me ayudó ir a la Eurocopa y volver con la mente limpia. Ir entrando te ayuda, coges confianza y esa ha sido la clave.
“Soñaba con algo así para poder anunciar la llegada de mi próximo hijo”
Golazo al Sevilla
—Debutó en Primera con partidazo en el Bernabéu.
—Tenía tantas ganas que no me iba a arrugar. Esa semana Balliu sufrió un golpe en la rodilla y me fui mentalizando.
—¿Cuántas veces ha visto su vídeo de El Día Después y esa frase de ‘no me pilla el Vini’?
—Al día siguiente me lo pasaron todos mis amigos. Fue un poco meme (risas). Mis compañeros me estaban vacilando y yo repetí sus palabras. Ahí me cazaron. Son un poco cabrones (risas). Fue una broma, sin faltarle al respeto. Al final, intercambiamos las camisetas. No me dio la sensación de que mirase con superioridad.
—Vinicius, Raphinha… Siempre le toca frenar a un rival complejo.
—Lo hablo mucho con Pep (Chavarría), los extremos suelen ser los más habilidosos del equipo contrario. Nos tenemos que preparar para eso.
—¿Quién le llama la atención del Real Madrid?
—Mi debilidad es Rodrygo. Si pudiera dejar fuera a alguno sería a él.
—¿Qué significa volver al Bernabéu?
—Es lo que cualquier futbolista sueña. Estoy contento de estar un año más en la élite.
—Hábleme de la Eurocopa, donde fue la revelación.
—Cuando vas con la selección, te creces. Te sientes un jugador grande. El grupo era increíble, fuimos cogiendo confianza y de Rumanía salieron muchos de los nombres propios del torneo.
—¿Por qué se tiñó el pelo de azul?
—A raíz de mi preocupación, me hice una promesa a mí mismo y una apuesta con mi hermano. Si terminaba yendo a la Eurocopa, haría algo distinto. Opté por el pelo azul y se me quedó el mote de Sonic. Al principio lo veían raro y, después, según pasaban los partidos, veía más gente con el pelo azul en las gradas (risas). Se lo pintaban con spray.
—Pudo volar ese verano. ¿Por qué se quedó en el Rayo?
—Estoy feliz aquí. El día a día es muy bueno. Creía que podía consolidarme y dar un golpe encima de la mesa. Sentí que la situación podía cambiar.
—¿Se ve en el futuro con la Franja?
—No miro a largo plazo, sinceramente. Estoy enfocado en hacer un buen año, conseguir el objetivo cuanto antes y disfrutar.
“En Vallecas paseas por la calle, hablas con la gente… y aprendes de la vida”
Como en casa
—Está en el radar de Barça y Atlético…
—Yo estoy centrado en mi trabajo y en el Rayo, que es mi equipo, al que respeto.
—¿Cómo mantiene los pies en el suelo?
—Vengo de una familia humilde. Nunca me ha gustado ser el centro de atención, dar entrevistas… Me cuesta coger confianza con la gente.
—Hábleme de sus orígenes en Aiud (Rumanía).
—Allí están mi abuela, mi tío y mis primos. No recuerdo gran cosa, porque me vine a mi pueblo, Aguaviva (Teruel), con 6 años. Mi padre, a través de un amigo, vino a probar suerte con una oferta de trabajo. Al año se trajo a mi madre y a los seis meses, a mi hermano y a mí. Mi madre, Andrea, trabajaba de camarera y mi padre, Florin, de albañil. Cuando estaba en el cole, iba por las tardes a jugar con mis amigos al polideportivo. Todos nos fijábamos en Ronaldinho, Henry… Luego me apunté a fútbol sala, hasta que apareció el Andorra de Teruel. A los entrenamientos, me llevaba mi madre o mi entrenador, Fran Griñón.
—El torneo de Calamocha le cambió la vida…
—Jugué con el Andorra, donde era extremo, y me dieron el MVP y el pichichi. Conseguí una prueba en Villarreal, la pasé y nos fuimos todos para allá.
—¿Cómo recuerda esa cantera?
—Al principio fue duro porque acababa de salir de un pueblo pequeño y no conocía a nadie. Coincidí con Iván Martín, Baena, Yeremy, Chukwueze… Nos daban muchos talleres y nos enseñaban a gestionar nuestro dinero. Nos formaban como personas, no solo como futbolistas. Veía lejos llegar al primer equipo, así que decidí irme al ADO, en Holanda. Lo pasé realmente mal, lejos de mis padres, sin conocer el idioma… Hubo muchas lesiones en los laterales del Villarreal y el último día de mercado deciden romper la cesión y recuperarme. Pero tampoco entré en los planes de Emery… Fui a los Juegos Olímpicos de Tokio, lo hice bien y me salió el Huesca. Ni me lo pensé.
—Allí se encontró con Ziganda, ¿qué le enseñó?
—Me decía que debía tener piernas y no cometer errores defensivos. Me ponía ejercicios después de los entrenamientos para despejar el balón bien, para mejorar en los balones aéreos… y se quedaba conmigo. Eso supuso un paso adelante defensivamente porque yo era un lateral reconvertido.
—¿E Iñigo Pérez?
—Me intenta ayudar siempre y me dice los defectos para mejorar. Siento que soy más completo. He crecido mucho con él. También en Vallecas. Paseas por la calle, hablas con la gente… y aprendes de la vida.
—¿Es Rumanía del Rayo?
—¡Claro! Veo muchos comentarios en rumano en las redes del club. Gracias a mi padre recuperé el idioma y lo hablo también porque con la selección, al principio, lo mezclaba.

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