Para EE.UU. el Mundial de MLS ya comenzó

0
5


As good as it gets. Mejor imposible. El Mundial 2026 comenzó exactamente como Estados Unidos había soñado: con una actuación dominante, una victoria contundente y un equipo que exhibió con orgullo el presente que está construyendo y las profundas raíces que hoy lo unen a MLS.

En un imponente Los Angeles Stadium colmado por más de 70.000 personas, con una constelación de celebridades en las tribunas y una atmósfera de gran evento, el USMNT consiguió mucho más que un triunfo. Firmó una declaración de principios. Un 4-1 sobre Paraguay que, por el resultado y, sobre todo, por la autoridad futbolística con la que fue construido, se instala desde ahora como una de las actuaciones más impactantes del Team USA en la era moderna.

No fue solo el debut ideal de un anfitrión. Fue la confirmación de que el proyecto futbolístico que Estados Unidos y la MLS llevan tres décadas construyendo ya puede mirar de frente al mundo.

Cambio de percepción

Porque hay victorias que apenas suman tres puntos y hay otras que modifican una percepción. Esta pertenece a la segunda categoría. Durante décadas, el fútbol estadounidense convivió con la misma pregunta: ¿cuándo dejará de ser una promesa para convertirse en una potencia real? La respuesta todavía no puede ser definitiva, pero el estreno en el Mundial 2026 dejó una imagen imposible de ignorar. El anfitrión no solo ganó. Jugó como un equipo convencido de que pertenece a la élite.

En el idioma que se prefiera, Estados Unidos fue ampliamente superior a Paraguay. Fue un fútbol de alto vuelo: agresivo, técnico, vertical y ejecutado con una convicción que pocas veces había mostrado en una noche de tanta responsabilidad. El 4-1 no fue un accidente ni una ráfaga de eficacia. Fue el reflejo de una idea de juego llevada a la práctica con autoridad.

También fue una reivindicación para Mauricio Pochettino. El entrenador llegó con la misión de darle un salto competitivo a una generación talentosa, convencerla de que podía jugar sin complejos y construir una identidad reconocible. El debut dejó la sensación de que el mensaje fue asimilado. Su equipo fue protagonista desde el primer minuto, presionó alto, atacó con decisión y nunca renunció a la iniciativa. Incluso cuando el partido parecía definido, siguió buscando el arco rival con la misma ambición.

Este no es un Mundial cualquiera para Estados Unidos. Es el torneo que soñó organizar desde el impacto económico, cultural y futbolístico de 1994. Es la Copa del Mundo que encuentra al país con estadios de primer nivel, una liga consolidada y una generación de futbolistas moldeada, en gran medida, dentro del ecosistema de la MLS. Por eso, el 4-1 sobre Paraguay se sintió como algo más profundo que un debut ideal: fue la celebración de todo el camino recorrido y, quizá, la confirmación de que el fútbol estadounidense ya dejó de pedir permiso para sentarse en la mesa de los grandes.

Lectura recomendada: MLS vive un Mundial 2026 que siente suyo

Sello MLS

Los grandes nombres de la noche fueron Christian Pulisic y Folarin Balogun. Las figuras del AC Milan y el AS Monaco no tienen un vínculo directo con la MLS, pero gran parte del equipo que los sostuvo sí. Y ahí aparece una de las claves de este Estados Unidos versión 2026.

Desde el arranque, el equipo estuvo rodeado de futbolistas moldeados por el ecosistema de la liga: el arquero Matt Freese (New York City FC), el experimentado Tim Ream (Charlotte FC), el lateral Alex Freeman, hoy en el Villarreal pero hasta hace apenas unos meses en Orlando City, y Tyler Adams, símbolo de la cantera de Red Bull New York antes de construir su carrera en Europa.

Y cuando el partido necesitó piernas frescas, el banco confirmó que la profundidad del plantel es tan real como el talento de sus figuras. Ingresaron Sebastian Berhalter (Vancouver Whitecaps), Ricardo Pepi (PSV, ex FC Dallas), Tim Weah (Olympique de Marseille, ex Red Bull New York) y Gio Reyna, formado en la academia de New York City FC, quien coronó la noche con una definición exquisita para el cuarto gol.

La jugada de Reyna fue mucho más que una pincelada individual. Fue una obra colectiva. Un gol que nació de una secuencia de pases, movimientos y convicción. De una idea de juego. De un equipo que sabe a qué juega y que ya no depende de una inspiración aislada para marcar diferencias.

Ese tanto también ayuda a explicar por qué este 4-1 tiene un significado que trasciende el resultado. Porque esta selección es el reflejo de una transformación profunda del fútbol estadounidense. Hoy la MLS no solo exporta futbolistas: produce talento, forma jugadores y alimenta a una selección que aspira a competir de igual a igual con cualquiera.

La goleada sobre Paraguay es, en buena medida, la consecuencia de una inversión sostenida durante tres décadas. Desde el Mundial de 1994, el fútbol estadounidense construyó estadios, desarrolló academias, creó centros de alto rendimiento, fortaleció las divisiones juveniles y absorbió influencias de todas partes del mundo. Aprendió del fútbol latino, del europeo y de la riqueza de sus propias comunidades inmigrantes. La MLS fue el vehículo de ese crecimiento. Y una noche como esta, en el estreno del Mundial de 2026, parece confirmar que esa apuesta empieza a dar sus frutos en el escenario más grande de todos.

Una goleada que crea cultura

Por eso la noche también tuvo un aire de celebración cultural. En las tribunas se mezclaron el fútbol y el espectáculo que distingue a los grandes eventos en Estados Unidos. Figuras del deporte, el cine, la música, la política y los negocios compartieron escenario con más de 70.000 aficionados en un ambiente que combinó el glamour de Hollywood con la pasión de una Copa del Mundo. Fue una postal que, en muchos sentidos, resume lo que representa hoy la MLS: deporte, entretenimiento, diversidad y una identidad cada vez más global.

De David Beckham y Tom Cruise, a George Lucas, Sofía Vergara, Owen Wilson, Kathy Perry, Paris Hilton, Kareem Abdul-Jabbar, Jamie Foxx, Halle Berry, Bill Gates, Leonardo Di Caprio y Becky G, entre otros.

El marco fue perfecto. El estadio repleto, el público empujando desde el primer minuto, las banderas, los cánticos y la sensación de que el país entero llevaba años esperando este momento. Porque este Mundial es mucho más que una competencia internacional. Es la oportunidad de mostrarle al planeta cuánto cambió el fútbol estadounidense desde aquella apuesta de 1994.

Queda un camino larguísimo. Para levantar la Copa del Mundo hay que superar siete obstáculos más y enfrente aparecerán rivales mucho más exigentes que este Paraguay superado de principio a fin. Nadie será campeón por una gran noche en la fase de grupos.

Pero los Mundiales también se construyen a partir de sensaciones. Y las que dejó este estreno son inmejorables. El resultado fue contundente. El funcionamiento, todavía más. Pulisic brilló, Balogun confirmó que puede ser uno de los grandes delanteros del torneo, Gio Reyna dejó una obra de arte, Pepi aportó desde el banco, Matt Freese respondió cada vez que fue exigido y Mauricio Pochettino encontró la primera gran validación de un proyecto que recién comienza.

Estados Unidos le avisó al mundo que no quiere ser el anfitrión simpático que organiza una gran fiesta para los demás. Quiere competir. Quiere incomodar. Quiere discutirles protagonismo a las grandes potencias. Y, en cierto modo, quiere demostrar que el fútbol que nació y creció alrededor de la MLS ya está preparado para dejar de pedir permiso.

La Copa del Mundo apenas comenzó. Pero para el fútbol estadounidense —y para la liga que ayudó a construir esta generación— hay una certeza que ya recorre el país: el Mundial de la MLS ya empezó.





fuente

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí